Retención de Placenta

La placenta de la yegua se clasifica como epiteliocorial difusa, ya que toda la superficie del corion presenta microvellosidades para el intercambio de nutrientes, y está formada por tres elementos: el alantocorion, el alantoamnios y el cordón umbilical.

En muchas ocasiones, tras el nacimiento de un potro, la placenta no se considera un elemento importante y se deshecha. En otras ocasiones, simplemente no aparece la placenta en el lugar del parto. Estas son situaciones no deseables, ya que el examen de la placenta nos aporta valiosa información, desde indicios de placentitis, que podría afectar al neonato, hasta una retención en distintos grados de estas membranas fetales. El examen macroscópico de la placenta nos ayudará a detectar pequeñas porciones de la misma que hayan quedado retenidas. Si llenamos de agua la placenta, este examen puede resultar más sencillo.

La no expulsión de la placenta puede ser total o parcial. En circunstancias normales, la liberación de las membranas ocurre dentro de los primeros 90 minutos postparto, considerándose como retención placentaria si a partir de las 3 horas postparto la placenta continúa en el interior del útero. Las retenciones parciales normalmente se producen en la punta del cuerno no grávido, ya que la membrana alantocoriónica es más delgada, por lo que debemos comprobar la integridad de la placenta especialmente en esta región.

La retención placentaria es una patología común, oscilando alrededor del 10% de los partos en yeguas. Es más frecuente en casos en los que hay alteraciones postparto, como pueden ser distocias, abortos tardíos, inducción del parto o cesáreas. En estos casos se produce un edema placentario, que dificulta la liberación de las membranas por parte de los microcotiledones y esta inflamación tisular parece ser un factor predisponente.