Bursitis en caballos. Aproximación práctica al diagnóstico y tratamiento

La bursitis es una afección clínica de numerosas especies y que en la clínica diaria equina vemos con frecuencia. Normalmente el diagnóstico es fácil y generalmente evidente, pero sin embargo las respuestas al tratamiento son variables y en algunas ocasiones eliminarlas resulta un reto clínico verdaderamente difícil.


La bursitis es la inflamación de las bursas, estructuras en forma de fondo de saco constituidas por tejido conectivo que tienen una membrana interna, muy similar a la de las bolsas sinoviales y que cumplen una función de recubrimiento o protección y se distribuyen en el organismo como estructuras responsables de amortiguar o minimizar el roce o fricción generalmente de tendones, eminencias óseas o articulaciones.
Por tanto encontraremos bolsas subcutáneas, subligamentosas, subtendinosas, o submusculares. Las bolsas cumplen su función amortiguadora a través del líquido sinovial que producen. Este líquido tiene el mismo aspecto y composición que la sinovia articular, siendo algo mas viscoso por su mayor concentración de mucina.
Las bursitis, según su localización se clasifican en bursitis superficiales y bursitis profundas. Los anatomistas describen la presencia de más de 70 bursas en el organismo. Describiremos las que tienen más relevancia clínica.
Las superficiales se encuentran adyacentes a diferentes articulaciones, con una localización subcutánea y en caso de estar inflamadas, su alteración se observa a simple vista, en la morfología exterior del caballo. Estas bolsas las encontramos en la superficie dorsal del carpo, en la superficie dorsal del menudillo, sobre el calcáneo en la punta del corvejón, sobre el olecranon en el codo y recubriendo las apófisis espinosas de las vértebras torácicas en la región de la cruz.


Las bursas profundas, se encuentran recubriendo otras estructuras, como la bolsa podotroclear, que acolcha o amortigua el roce del tendón flexor profundo a su paso por la superficie flexora del hueso sesamoideo distal, la bolsa bicipital, que amortigua el roce del tendón del bíceps braquial, la bolsa trocantérica, que cumple igual función tapizando el trocánter mayor del fémur y la bolsa cuneana que protege el tendón del mismo nombre a su paso por el corvejón.
Bursitis Superficiales
Las bolsas pueden sufrir inflamaciones agudas, principalmente debido a dos tipos de mecanismo: un único traumatismo agudo o la persistencia de un microtraumatismo repetido. Como ejemplo, podemos mencionar que suele aparecer bursitis precárpica después de una contusión contra el obstáculo, de forma totalmente aguda. El microtrauma repetido puede ejemplificarse en la codillera o bursitis olecraniana, donde el roce con el casco o herradura contra el codo, debido a la postura que adopta el caballo al acostarse es la causa final para que el caballo desarrolle la inflamación de la mencionada bolsa.
En general, en las fases agudas de la inflamación las bolsas acumulan líquido sinovial, producido por los sinoviocitos que revisten su pared interna. Por tanto, a la palpación suele notarse una consistencia fluctuante. Normalmente no se detecta dolor y el caballo no cojea. Hemos descrito una bursitis serosa. Si transcurre tiempo y esta inflamación serosa no se resuelve, el contenido de esta bursitis va cambiando, y se organiza hacia una forma más dura a la palpación, normalmente más pequeña con producción de fibrina y formación de nuevo tejido, llegando entonces a la bursitis fibrosa. Estas suelen ser también indoloras y los caballos no suelen manifestar claudicación.
El contenido a veces es sanguinolento y podemos estar ante una buristis hemorrágica o serohemorrágica, con una consistencia más dura y elástica que las bursitis serosas, pero no tan duras y consistentes como las ya fibrosadas.
Eventualmente este tipo de bursitis sanguinolentas pueden sufrir la contaminación de su contenido con algún germen piógeno y se transformará en bursitis purulenta.
Los signos de inflamación alrededor de la bolsa afectada serán en este caso evidentes pudiendo suceder que la propia bursitis pase desapercibida como foco inicial debido a la gran inflamación presente. En estos casos hay calor, dolor, inflamación periférica y una cojera severa, a veces incluso de grado 4, esto es con una manifestación evidente al paso y con dificultad para apoyar la extremidad afectada con normalidad. En cuanto a la génesis de las bursitis, existen variaciones según cada una, y tenerlo presente se hace fundamental para poder aplicar una de las pautas fundamentales de todo tratamiento, que es corregir la causa que provoca la enfermedad.
La bursitis de la cruz tiene una relación directa con la montura, el roce crónico de la misma y con la conformación anatómica del caballo. Si la bursitis se cronifica, es recomendable la extracción quirúrgica de todo el tejido fibroso y séptico. El pronóstico es bastante favorable y después d 4 a 6 semanas de cicatrización se puede volver a la actividad con muy buenos resultados. Debemos tener presente aspectos predisponentes como la configuración anatomíca de la cruz o el estado de peso del caballo. La falta de acolchado apropiado, las monturas abiertas o con fuste muy bajo, el mal estado de los sudaderos, las cinchas flojas para trabajar, pueden ser tambien la causa primaria o secundaria de su inflamación.