Patología del Tarso

El tarso comprende los siguientes elementos óseos: astrágalo (talus) y calcáneo en la hilera proximal, un hueso central en la hilera intermedia y, finalmente, en la hilera distal, el primero y segundo huesos tarsales fusionados, y el tercero y cuarto huesos tarsales separados. Existen numeros ligamentos en esta articulación, pero la mayoría de ellos son cortos y se consideran como engrosamientos locales de la capa fibrosa de la cápsula articular. Existen tres de interés clínico: los 2 colaterales, que se disponen entre los maleolos y los correspondientes metatarsianos accesorios (palpables en toda su longitud) y el ligamento plantar largo que se dispone en la cara plantar del calcáneo, pasa sobre el cuarto hueso tarsal y luego continúa distalmente hacia la porción proximal del metatarso. Si se inflama este ligamento y se observa lateralmente se aprecia convexidad en la cara plantar del tarso (corvaza).
El tarso es una articulación compuesta por tres cavidades articulares. La primera cavidad corresponde con las articulaciones tarsocrural (tibia astrágalo y calcáneo) y intertarsiana proximal que se encuentran comunicadas. La segunda cavidad corresponde con la articulación intertarsiana distal y la tercera con la articulación tarsometatarsiana. La articulación tarsocrural es la de mayor movimiento (flexión y extensión) y las articulaciones distales se caracterizan por un movimiento reducido de rotación y corte, sin embargo son estas las más afectadas por patología articular. Es una articulación compuesta formada por cinco articulaciones: tarsocrural, intertarsiana proximal, intertarsiana distal, tarsometatarsiana, y astragalocalcáneo. La articulación tarsocrural presenta movimiento de flexión y extensión. Las articulaciones distales, se caracterizan por un leve movimiento de desplazamiento. Siendo éstas, sin embargo, las más afectadas por lesiones.

Los problemas asociados con el sistema musculoesqueletico de los caballos son frecuentes y suelen presentarse en forma de deformación física o cojera. El abordaje diagnóstico abarca una seria de pasos esenciales, tales como: definición del problema a investigar; localización del punto(s) de anormalidad; caracterización de la naturaleza del cambio patológico.
En cuanto la historia clínica de u animal con una alteración musculoesqueléticos, aparte de detalles como raza, edad y sexo, debe incluir datos como: el tiempo que hace que posee y se usa el animal; detalles sobre el manejo reciente, incluyendo alimentación herrajes y ejercicio; problemas médicos anteriores; el ritmo y naturaleza de aparición de los síntomas y la evolución de los síntomas desde su aparición.
La exploración física en reposo se realiza a dos niveles, una inspección más general del caballo y otra evaluación mas detallada del tarso. De forma general podemos evaluar la conformación del cuerpo y la simetría de las extremidades, así como los aplomos. En la exploración detallada del tarso podemos inspeccionar en busca de una deformidad, hinchazón o engrosamiento, heridas cutáneas y atrofias musculares. Se debe palpar para detectar calor y dolor, así como para caracterizar la localización precisa y la consistencia de cualquier inflamación o engrosamiento. También es fundamental manipular la articulación para valorar su amplitud de movimientos, como por ejemplo detectar posibles restricciones, claudicaciones, dolor o crepitaciones. Hay que comparar con la extremidad contralateral para determinar posibles asimetrías.