Infiltraciones Intraarticulares

El aparato locomotor del caballo está conformado anatómicamente por diversas estructuras del sistema músculo esquelético. Los huesos, articulaciones, músculos, tendones y ligamentos interactúan de manera armónica durante la locomoción.
Tanto los tejidos blandos como el tejido óseo están diseñados para resistir fuerzas de manera repetitiva de distinta intensidad, sin sufrir cambios en su estructura y funcionamiento. Sin embargo, cada tejido tiene una capacidad de resistencia determinada que depende de su composición, ubicación anatómica y función. Los tejidos del sistema músculo esquelético mantienen un equilibrio fisiológico constante. Al romperse dicho equilibrio, la capacidad de resistencia de un tejido es superada por un exceso de demanda física, lo cual, induce la disminución de la función tisular y la presentación de un daño en la estructura del tejido que se traduce como una lesión.


La inflamación y el dolor son los principales signos clínicos que se presentan cuando existe una lesión en un tejido, ya sea de tipo articular, ligamentosa, tendinosa o muscular. La cojera o claudicación es la manifestación clínica más evidente del dolor en un miembro, ya sea por el efecto de compresión a terminaciones nerviosas durante un proceso inflamatorio o por un traumatismo directo a los tejidos.
Las claudicaciones en el caballo se clasifican en 4 tipos distintos: apoyo, elevación, mixtas y mecánicas. Las primeras se relacionan con lesiones en huesos y articulaciones y las segundas se presentan más comúnmente en casos de lesiones tendinosas y ligamentosas.
Por otra parte, existen 5 diferentes grados de cojera. El grado 1 es el más leve y muchas veces es imperceptible en cualquiera de los 3 aires de movimiento (paso, trote y galope), mientras que el grado 5 se caracteriza por una falta de apoyo del miembro sobre el piso. Los grados 2, 3 y 4 van aumentando en función al grado de dolor que presenta el caballo.