Terapia con IRAP

Las afecciones del aparato músculo-esquelético representan un gran problema en la especie equina, causando graves pérdidas económicas en la industria del caballo de deporte. La introducción de nuevas técnicas de diagnóstico por imagen así como la mejora de las ya existentes, han permitido al colectivo profesional llegar a un diagnóstico más preciso y por consiguiente, desarrollar un amplio abanico de métodos terapéuticos en medicina equina.

Cabe destacar el gran desarrollo y evolución en los últimos años de la medicina regenerativa; son muchos los estudios tanto en medicina humana como veterinaria, a nivel clínico y experimental, los que avalan la eficacia de estas terapias, razón por la cual, han pasado a convertirse en tratamientos de primera elección en gran cantidad de casos. Sus comienzos en medicina humana se remontan a la década de los 90 sobre todo en procesos de osteoartritis de rodilla, tobillo, cadera y codo, artritis reumatoide, trastornos de columna y afecciones musculares; países como EEUU y Suiza han sido pioneros. No fue hasta el año 2001 su incorporación en medicina equina. Concretamente en el caso del IRAP, inicialmente su uso principal correspondía a procesos de Osteoartritis, donde se observan evidentes mejorías tanto a nivel de signos clínicos (claudicación principalmente) como de pruebas complementarias (estudio radiológico); sin embargo, amplias investigaciones actuales realizadas in vitro en humana y otras especies, incluido el caballo, revelan que además de sus aplicaciones en las patologías músculo-esqueléticas ya citadas, tiene considerables efectos positivos sobre la patogénesis de otras afecciones y no necesariamente referentes a este aparato: hablamos del asma y los melanomas además de Síndrome del navicular, microfracturas condrales, lumbalgia, lesiones musculares y tendinosas.

Esto pone de manifiesto lo mucho que queda por descubrir; existen gran cantidad de patologías inflamatorias que cursan con destrucción de tejido adyacente por acción de la IL1, por tanto serían casos en los cuales sería muy útil el uso de la proteína antagonista del receptor de la IL como tratamiento. 

La base de estos tratamientos es el aprovechamiento de los procesos de reparación que se producen de manera fisiológica en el organismo, mediante la activación y potenciación de gran variedad de moléculas endógenas que intervienen en los mismos; de esta forma se consigue restaurar la funcionalidad del tejido lesionado e incluso mejorarla. En concreto, mediante la técnica de IRAP se potencia la proliferación y acción de manera específica de la IL1-Ra.Estas terapias se pueden aplicar de manera directa sobre la lesión, perilesional, intraarticular o vía intravenosa dependiendo del tratamiento por el que hayamos optado.