Terapia con Ondas de Choque Radial

Las ondas de choque son ondas acústicas que acompañan nuestra vida cotidiana sin que se note. El sonido de las tormentas, los “golpes” de una explosión o de una muchedumbre aplaudiendo, son ejemplos típicos en los que las ondas de choque juegan un papel importante.

Durante la Segunda Guerra Mundial, se observó que el pulmón de diferentes soldados que habían participado en batallas navales, estaban agrietados a causa de la explosión de bombas acuáticas, aunque no presentaban síntomas externos de violencia. Esta fue la primera vez que la influencia de las ondas de choque, creada por las bombas explotando, se observó sobre tejidos.

En 1966, el interés por las ondas de choque en la salud humana se vio estimulada por un accidente durante trabajos experimentales realizados en la compañía aeroespacial Dornier. Durante los experimentos con proyectiles de alta velocidad, un empleado tocó una cartulina en el mismo momento en que el proyectil impactó. Este operario describió el suceso como una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo.

A lo largo de los años siguieron haciéndose investigaciones al respecto, así como ensayos en animales, hasta que en los años 80 comenzó su uso en medicina humana como una técnica no invasiva en el tratamiento de cálculos renales y uretrales, como alternativa terapéutica a las cirugías convencionales. Por tal motivo le valió el nombre de “bisturí acústico”, debido a su particular mecanismo de acción.

La terapia extracorpórea por ondas de choque ( Extracorporeal shock waves therapy ESWT) en ortopedia y traumatología, sigue siendo un método de terapia joven, aunque en los últimos años el desarrollo de esta terapia ha sido muy rápida y exitosa. A la luz de varios estudios realizados en medicina humana y veterinaria queda demostrada su utilidad en el campo de la ortopedia equina, así como su uso en el tratamiento del dolor de los tejidos blandos vecinos a estructuras óseas.

BASES FÍSICAS

Se conoce como Ondas de Choque a impulsos mecánicos de presión, que se propagan por medio gaseoso o líquido, de muy corta duración (5 microsegundos), con una energia de 0,07 a 1,2 mJ/mm2, alcanzando valor máximo en 30 a 130 nanosegundos. El mecanismo de acción se explica según el siguiente principio del bien conocido modelo con bolas metálicas.