Laringoplastia y Ventriculectomía

El uso de la laringoplastia para la corrección quirúrgica de la hemiplejia laríngea fue descrito en 1970 y sigue siendo una técnica adecuada hoy en día, aunque han ido surgiendo modificaciones. El principio de la técnica es situar una o varias suturas entre el proceso muscular del cartílago aritenoides y la superficie caudodorsal del cartílago cricoides, para abducir el cartílago aritenoides y simular la acción del músculo cricoaritenoideo dorsal.

Se considera el mejor procedimiento para eliminar la intolerancia al ejercicio y para evitar el ronquido o estridor respiratorio asociado a la hemiplejia laríngea, particularmente cuando el examen endoscópico revela que la superficie corniculada del cartílago aritenoides está desplazada axialmente desde la posición normal de reposo o la intermedia. El porcentaje de éxitos con esta técnica es del 80-90%, produciéndose en la mayoría de los casos considerable mejoría en la capacidad respiratoria. Se realiza bajo anestesia general con el caballo en posición de decúbito lateral, con el lado afectado (generalmente el izquierdo) hacia arriba. La cabeza y el cuello deben estar extendidos. Después de la laringoplastia el caballo se sitúa en decúbito dorsal para la ventriculectomía laríngea. Se hace una incisión de unos 10-12 cm sobre la piel en dirección paralela y ventral a la vena linguofacial desde el músculo mandibular externo. Se emplea ligadura o electrocauterio para controlar la hemorragia y la incisión se prolonga a través de la fascia para establecer un plano de disección por debajo de la vena y dorsalmente al músculo omohioideo. Este plano de disección se puede continuar con disección manual para exponer la cara lateral de la laringe con la unión de los músculos tiro faríngeo y crico faríngeo, de modo que el plano de división de estos dos músculos se pueda identificar.