Examen Endoscópico de las Vías Respiratorias del Caballo

La incorporación del fibroendoscopio flexible a la práctica clínica equina ha supuesto una revolución en el diagnóstico de enfermedades de las vías respiratorias, permitiendo detectar alteraciones que hasta hace pocos años eran desconocidas y profundizar en el conocimiento de enfermedades clásicas en medicina equina, como la hemiplejia laríngea. El examen endoscópico de las vías respiratorias puede realizarse en reposo o mientras el caballo realiza ejercicio (en un tapiz rodante).

Para la exploración endoscópica de las vías respiratorias en reposo, el endoscopio se introduce por uno de los ollares y, generalmente, se avanza por el meato nasal ventral. Si es posible, conviene contener al caballo en un potro. No debe usarse sedación en este examen. De hecho, la mayoría de los animales pueden explorarse ayudándose tan sólo de un acial.
El examen endoscópico de la cavidad nasal debe realizarse bilateralmente. En la cavidad nasal distinguimos el septo nasal y las conchas nasales dorsal y ventral. Debe explorarse tanto el meato ventral como el medio, prestando atención a la existencia de procesos obstructivos (cuerpos extraños, tumores, alteraciones congénitas, etc.). Los senos paranasales no son accesibles mediante endoscopia endonasal. No obstante, podemos encontrar indicios de enfermedad sinusal observando deformación de las conchas nasales o drenaje de fluido procedente del orificio nasomaxilar. Al final de la cavidad nasal, situada en posición dorsal, se encuentra el área de los etmoturbinados. Esta estructuras, que en el caballo sano presentan una imagen muy anfractuosa, son interesantes desde el punto de vista clínico porque en ellas suele localizarse un proceso patológico conocido como hematoma etmoidal.

 

La faringe equina normal debe presentar una mucosa sonrosada y carente de exudado y de formaciones extrañas. Tras una primera inspección general, habremos de fijar nuestra atención en las siguientes estructuras: receso faríngeo, techo dorsal de la faringe y aperturas de las bolsas guturales.

En faringitis agudas encontraremos la mucosa aumentada de coloración y la presencia de exudado, que generalmente se acumula en el receso faríngeo. Asimismo, puede apreciarse incremento en el tamaño de las formaciones linfáticas distribuidas por el techo dorsal de la faringe y de la tonsila faríngea. No obstante, la hiperplasia de los folículos linfáticos faríngeos se aprecia más frecuentemente en los casos de faringitis crónicas, en las cuales es el síntoma predominante. Atendiendo a su gravedad, se distinguen cuatro grados de hiperplasia folicular linfoide faríngea (I, II, III y IV). Esta alteración, cuyo significado patológico no está claramente establecido, se presenta muy frecuentemente en potros jóvenes.