Nutrición y Alimentación del Caballo

La alimentación del caballo, sobre todo en aquellos destinados a actividades deportivas o de ocio, se ha realizado tradicionalmente de forma bastante cerrada, debido, en gran parte, al desconocimiento de las necesidades de los animales. La creciente afición a este tipo de actividades ha llevado a los profesionales a estudiar este tema.
Los rendimientos de un caballo están condicionados por muchos factores: genéticos, sanitarios, de manejo y nutricionales. La alimentación durante el período de crecimiento es muy importante para obtener el máximo rendimiento del animal. Una buena crianza permite un adecuado desarrollo del potro, evitando deficiencias que luego condicionarán su aptitud a las actividades que se le tengan destinadas. En esta etapa de su vida, tampoco es recomendable una sobrealimentación, pues puede llevar a un sobrepeso del animal que, al no haber terminado su crecimiento, repercuta en su esqueleto y resistencia al esfuerzo. Una restricción moderada se supera gracias al crecimiento compensatorio de fases posteriores; sin embargo, si ésta es muy fuerte, ocasiona retrasos en el crecimiento a veces irrecuperables.


En el caso de los reproductores, la alimentación también supone un aspecto fundamental. Los caballos son considerados, en general, como animales poco fértiles (se dice que hacen falta dos yeguas para obtener un potro al año). Aunque esta afirmación está, en parte, justificada, mediante una alimentación y un manejo adecuados de los reproductores pueden mejorarse los índices reproductivos, como ocurre con todas las explotaciones zootécnicas. Los problemas más frecuentes suelen deberse a estados carenciales, aunque animales demasiado engrasados también presentan problemas de fertilidad. Parece importante, por tanto, mantener el ganado en buen estado corporal, permitiendo unas variaciones del peso vivo en ciertos momentos de su ciclo productivo, pero evitando que pasen ciertos límites que posteriormente puedan comprometer sus rendimientos productivos.

Digestión de los Alimentos

El caballo es un herbívoro cuyo aparato digestivo se caracteriza por un estómago poco voluminoso y un intestino muy desarrollado (cuadro 1).

El estómago es pequeño (15-18 l de capacidad) y se vacía rápidamente en función del consumo de alimentos. La digestión gástrica afecta principalmente a la fracción fibrosa y nitrogenada (predigestión) y es muy limitada para el resto de los componentes de la dieta (hidratos de carbono) o prácticamente nula (lípidos y minerales). El intestino delgado es muy largo (16-24 m) y la velocidad de tránsito también es elevada (1 a 2 h). Aquí se digieren los azúcares y almidón, los lípidos y la fracción nitrogenada. La digestión enzimática en el intestino delgado es más importante cuanto mayor es el nivel de alimentos concentrados en la ración. Supone del 30-60 % de la energía y del 30- 80 % de las proteínas totales absorbidas (INRA, 1990). Los minerales también se absorben en este tramo a excepción del fósforo, absorbido principalmente a nivel de colon. El intestino grueso es muy voluminoso (180 -220 l) y está normalmente lleno. El tiempo de retención también es elevado (24-48 h). La población microbiana presente en este tramo, fermenta los restos no digeridos en el intestino delgado y la fracción fibrosa, produciendo ácidos grasos volátiles que en el caso de raciones ricas en forraje, pueden suponer hasta 2/3 de la energía absorbida. También se estima que puede haber síntesis proteica con alguna absorción de aminoácidos (INRA 1990).